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10 MANDAMIENTOS CONTRA EL CANCER


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de fibromialgiamelilla Publicado en Cancer Etiquetado

¿Por qué no ayudan los analgésicos en la FIBROMIALGIA?


?????????????¿Por qué no ayudan los analgésicos en la FM? Las investigaciones explican los motivos

Descripción
Las personas con Fibromialgia, condición habitual de dolor crónico, a menudo dicen que no responden al tipo de medicación que alivia el dolor de los demás. Una nueva investigación de la Universidad de Michigan, Health System, ayuda a explicar el porque: Se ha encontrado que los pacientes con fibromialgia tienen disminuida la habilidad de atar un tipo de receptor cerebral que es la diana de los analgésicos opioides, como la morfina.

El estudio incluyó escáner tomográfico de emisión de positrones (PET) del cerebro de pacientes con fibromialgia, y de la misma cantidad de personas de mismo sexo y edad, sin la condición que a menudo es debilitadora. Los resultados mostraron que los pacientes con fibromialgia tienen una reducida disponibilidad del receptor mu-opioide (MOR) en estas regiones del cerebro que normalmente procesan y suavizan las señales de dolor – específicamente el nucleus accumbens, el cingulate anterior y las amígdalas.

“La reducida disponibilidad del receptor estaba asociada con más dolor en las personas con fibromialgia,” dice el autor en jefe Richard E. Harris, Ph.D., investigador de la División de Reumatología del Departamento Medicina Interna de la U-M Medical School, y investigador del Chronic Pain and Fatigue Research Center de la U-M.

“Estos hallazgos podrían explicar porque se piensa que los opioides no son efectivos en personas con fibromialgia,” denota. Los hallazgos aparecen en The Journal of Neuroscience. “El hallazgo es significativo porque fue difícil de determinar las causas del dolor en los pacientes con fibromialgia, hasta el punto que fue lenta la aceptación de la condición por los practicantes de la medicina.”

Los analgésicos opioides funcionan porque se atan a los receptores opioides en el cerebro y en la espina dorsal. Además de la morfina, incluyen la codeína, medicamentos que contienen propoxifena como Darvocet, los que contienen hidrocodona como Vicodin, y los que contienen oxycodona como Oxicontin.

La teoría de los investigadores está basada en su hallazgo de la menor disponibilidad de los MORs en tres regiones del cerebro de la gente con fibromialgia, y dice que estos analgésicos no son capaces de atarse igual de bien que en el cerebro de la gente sin la condición.

De manera más simple: cuando los analgésicos no se pueden atar a los receptores, no pueden aliviar tan efectivamente el dolor del paciente, dice Harris. La reducida disponibilidad de los receptores podría ser el resultado de una reducida cantidad de receptores opioides, un aumento de la liberación de opioides endógenos (opioides, como las endorfinas, que normalmente son producidas por el cuerpo), u ambos, dice Harris.

EL equipo de investigadores también encontró un posible vínculo con la depresión. Los escáneres PET mostraron que los pacientes con fibromialgia con más síntomas depresivos tenían reducciones del potencial de atadura de MOR en las amígdalas, región del cerebro de la que piensa modula el ánimo y la dimensión emocional del dolor.

Los sujetos del estudio eran 17 mujeres con fibromialgia y 17 mujeres sin la condición.

El autor en jefe de este papel es Jon-Kar Zubieta, M.D., Ph.D., the Phil F. Jenkins Research Professor of Depression in the U-M Department of Psychiatry y miembro del U-M’s Molecular and Behavioral Neuroscience Institute, Depression Center and Department of Radiology. Other authors were Daniel J. Clauw, M.D.; David J. Scott, Ph.D.; Samuel A. McLean, M.D., MPH; and Richard H. Gracely, Ph.D.

La investigación fue patrocinada por becas del Departmento del Ejercito; el National Center for Research Resources, componente de los National Institutes of Health; y del NIH. Harris fue apoyado por una beca del NIH-National Center for Complementary and Alternative Medicine. McLean obtuvo una beca del NIH.

(traducido por cathy)

original en ingles: http://www.newswise.com/articles/view/533735/?sc=dwhn

http://todosunidos.blogia.com

Relato elaborado por paciente de Sindrome de Fatiga Crónica, Fibromialgia y Sensibilidad Quimica Múltiple


fatiMi cuerpo se estremeció de dolor bajo las sabanas. Los ojos me ardían. La garganta y la boca las tenia secas como un esparto. No pude evitar pensar en que la gripe había anidado en mi cuerpo. En el calendario asomaba septiembre, los días eran largos y el calor en la calle, intenso. Estaba quieta, salvo por algún que otro escalofrió, que hacía que pegara pequeños botes en la cama. Mire el reloj, las seis. En pocos minutos debía de saltar de la cama y ponerme en marcha…. Pero cómo? Si probaba a moverme, el dolor era insoportable. Intente incorporarme en busca de un termómetro y un vaso de agua que me calmase el fuego que salía de mi garganta. Era increíble, pero mi cuerpo no respondía. Mis piernas no me sujetaban. Los brazos parecían de mantequilla, pues los notaba flojos y caídos, sin fuerza. Me arrastre como pude hasta el objetivo. Al coger el vaso, note una punzada de dolor en mis manos que jamás había sentido. Comencé a marearme y a tambalearme. Solo quería volver a la cama… Me sentía inútil y desvalida fuera de ella. Recorrí como pude la pequeña distancia que separaban el baño y el dormitorio y me derrumbe sobre las sabanas con la misma sensación de haber corrido un maratón. Estaba exhausta. Comprobé la temperatura en el termómetro. Treinta y nueve grados. Normal que me sintiese así, tenía una fiebre altísima. Llamaría al trabajo. En estas condiciones no podría ir al menos en un par de días. Ahora sonrío con nostalgia al recordarlo, poder pensar con esa inocencia en lo referente a mi salud, lo echo de menos. En ningún momento sospeche que jamás podría volver a trabajar, que mi vida cambiaria para siempre y que ese fatídico día, era el primero de un largo periplo hasta conseguir descubrir que le pasaba a mi cuerpo.

 Septiembre avanzaba y mis dolores y cansancio también. La desesperación comenzaba a hacer mella en mi estado de ánimo. Mi médico de cabecera ya no sabía que hacer conmigo. Su diagnostico de gripe fuerte abarcaba un par de semanas como mucho, no un mes. La fiebre había remitido un poco pero, muchos días no lograba que bajase de treinta y ocho grados ni con todos los antitérmicos del mundo. La butaca repleta de cojines que evitasen cualquier rozamiento era mi mejor refugio. La cama ya solo me servía cuando el sueño me rendía y caía sin pensar, si no era como estar en un potro de tortura. Mi cuerpo no respondía ante nada ni ante nadie. Los dolores eran tan intensos que me impedían moverme. El cansancio era tan demoledor, que hasta abrir los ojos se había convertido en una tarea que requería de gran esfuerzo. Los ruidos me aturdían, los olores me molestaban, las conversaciones ajenas me agotaban… Solo quería descansar para sentirme mejor. Pero el descanso era una como utopía, pues nunca llegaba. Tenía que hacer algo. En la soledad de mi aislamiento, solo podía pensar en que algo muy malo le sucedía a mi cuerpo. Todos estos síntomas que jamás había sentido y esa pérdida tan bestial de kilos, me llevaban a pensar que algo se me estaba pasando por alto y al médico también. El solo pensaba que lo que me sucedía era producto de una depresión nerviosa producida, en mayor parte, por el alejamiento que mantenía con mi familia. Hacía ya tres años que yo vivía en Madrid, feliz e independiente con mi pareja, por el que di el paso de trasladarme de cuidad. Añoraba a mi familia, pero yo estaba segura de que hasta ese punto, no.

Comencé a navegar por internet buscando algo o alguien que pudiese entenderme y ayudarme. Comencé a barajar alternativas a la medicina tradicional. Visite a una homeópata, que me receto cien mil cosas y lo único que consiguió fue exacerbar todavía más mis síntomas. Fue ella la primera que me descubrió un posible diagnostico. Síndrome de Fatiga Crónica. El nombre me pareció ridículo. Parecía una especie de broma, como si se tratase de algo carente de importancia. Pero me puso sobre el camino correcto. Seguí esta línea de investigación en internet en busca de pacientes que sufriesen lo mismo que me ocurría a mí. Descubrí que había cientos de personas que se encontraban en mi misma situación, desesperadas, asustadas e impotentes ante la incomprensión que esta enfermedad generaba a todos los niveles. Siempre es más fácil tratarte de loco y mentiroso, que reconocer que es una enfermedad que se escapa del entendimiento o de la comprensión. Encontré asociaciones que luchaban por el reconocimiento de cientos de pacientes que sufrían en silencio este tipo de enfermedades, Síndrome de Fatiga Crónica, Fibromialgia y Síndrome de Sensibilidad Química. Ellos me ayudaron y me aconsejaron. Llevaban más tiempo que yo luchando con este trío tan desalentador y aunque me auguraban un futuro incierto con respecto a mis dolencias, me sentía aliviada al comprobar que no estaba loca. Que lo que me pasaba era tan real como el hecho de respirar.

 Aunque me sentía un poco más optimista al haber encontrado un posible diagnostico, todavía no había encontrado ningún médico que me lo confirmase clínicamente. El Hospital Carlos III me dejo por imposible, después de miles de pruebas y aunque la fiebre seguía estando ahí, los dolores me incapacitaban para llevar una vida mínimamente digna y el cansancio me impedía dar tres pasos seguidos. Ellos seguían confirmando que no pasaba nada. Me recetaron ansiolíticos, antidepresivos, analgésicos que lo único que hacían era envenenarme cada día más, sin notar alivio alguno en cualquiera de mis síntomas. Solo una doctora se atrevió a mencionar y a escribirlo en un papel en blanco, sin carácter oficial. “Puede que se trate de un posible Síndrome de Fatiga Crónica de carácter post viral, pues tus análisis dan positivo en el virus de Epstein Barr” Es decir, que todo esta sintomatología tan brutal, la había desencadenado la mononucleosis que pase a finales de verano… Jajá.., así que gripe fuerte!! MI incompetente médico de cabecera no había sabido distinguir una mononucleosis de una gripe. Como para que entendiese esto. Fueron días muy duros, de desconcierto, de impotencia. No sabía a quién acudir. Ya no sabía en quien confiar.

 Siguiendo consejos de todo el mundo, me incline por la acupuntura. Todos decían que esos dolores tan intensos que sufría tenían solución con esta disciplina. Las agujas penetraban en mi cuerpo produciéndome un dolor insoportable, que yo aguantaba con lagrimas, pensado que el alivio lo encontraría seguramente en próximas citas. No fue así. Cada vez que me sometía a una nueva sesión, salía más deteriorada y ese esfuerzo, me suponía una recaída tan severa, que necesitaba días de recuperación para sentir un poco de alivio. Suspendí la terapia con la desesperanza de que a mí, algo que a la gente le funcionaba de maravilla, me había fallado.

 Las malas noticias iban llegando. En mi trabajo ya no podían darme más tregua. Necesitaban a alguien que se hiciese cargo de todo lo que yo había dejado pendiente. Fueron las lágrimas más amargas. Me había preparado a conciencia para ese puesto. Me encantaba y era feliz, tras haber luchado por conseguirlo. Todo se escapaba como arena entre los dedos. Mi independencia, mi libertad y ahora mi sustento. Me quedaba la baja. Pero desafortunadamente, tampoco duro mucho tiempo. Según el médico de cabecera y el INSS yo estaba lista para trabajar. Me miraba al espejo y me entraba la risa desconsolada. Tan solo habían pasado unos meses y ya no era ni la sombra de la mujer que un día fui. Famélica, incapaz de dar un paso fuera del sofá o la cama, siempre cansada, siempre aturdida, siempre dolorida… Me consideraba una persona decidida, trabajadora, independiente, intelectualmente activa. Todo lo contrario a lo que la imagen del espejo me devolvía. Los libros se apilaban encima de la mesa esperando a que alguien abriera sus tapas. Familia y amigos me los traían para que me diesen un poco de consuelo y yo me sentía incapaz de leer mas allá de la tercera página. No podía concentrarme. Mi estúpido cerebro no conseguía enlazar las palabras para dar sentido al argumento. Todo se había vuelto tan difícil… Era desalentador.

Volví a Internet. Una de las asociaciones me hablo de un medico en Barcelona, que tenía una Unidad de Síndrome de Fatiga Crónica, el DR. Fernández- Sola. Todos hablaban de él maravillas, como si hubiesen encontrado al mismísimo mesías. No lo dude ni un solo momento y llame. La lista de espera era larga, pero al decir que venía de la asociación y contar a su enfermera mi precario estado de salud, me dio cita lo antes posible. No me lo podía creer. Después de mucho tiempo de oscuridad, por fin un rayo de luz asomaba a mi vida.
Preparamos el viaje a conciencia. Tanto mi pareja como yo, sabíamos que iba a ser muy duro para mi permanecer inmóvil durante horas en el coche. Realmente, se me hizo eterno. Pero la esperanza aliviaba el sufrimiento. Barcelona se me presento como un oasis en el desierto.

El doctor lo tuvo clarísimo desde el primer momento. Toda la batería de análisis que le llevaba, así como las pruebas que me realizo confirmaban nuestras sospechas. Diagnostico. Síndrome de Fatiga Crónica de origen post viral de grado III/IV así como Fibromialgia asociada de carácter grave. Presenta Síndrome de Sensibilidad Química de carácter moderado así como Síndrome seco de mucosas. Las palabras del médico todavía resuenan en mi mente seis años después. “No quiero que pienses que soy crudo, quiero ser lo más realista posible para te hagas cargo de lo te sucede. Tu vida no volverá a ser la misma. Tienes una enfermedad muy invalidante que, ahora mismo y se prevé que en un largo periodo de tiempo, no tiene ni tendrá cura. No podrás trabajar, tu actividad diaria se va a reducir drásticamente, todo va a cambiar. Yo te voy a proporcionar medicación que te aliviara parte de la sintomatología, pero no la erradicara. MI más sincera recomendación es, que te adaptes lo antes posible a tu enfermedad, tanto física como mentalmente. Ahí es donde vas encontrar el verdadero alivio porque aprenderás a escuchar a tu cuerpo y a darle descanso o actividad, según lo requiera en cada momento.”

 Al salir de la consulta llore como nunca con una mezcla de desconsuelo, por esa vida que no iba a recuperar pero, también de alivio, por haber encontrado al fin un diagnostico que realmente probaba a todo el mundo e incluso a mi misma que en muchas ocasiones había llegado a dudarlo, que no estaba loca, que no me lo inventaba y que tampoco quería vivir del cuento, como algún que otro médico me había insinuado.

 Con los meses el temido momento del tribunal médico llego. Jamás pensé que media hora de reloj iba a resultar tan nefasta para mi autoestima y tan traumática para mi vida. La doctora se erigió en juez y sin concederme el beneficio de la duda, emitió su veredicto sin importarle lo mas mínimo lo que yo contaba ni los informes que le aportaba de mi médico. Según ella, mi situación solo me reportaba beneficios económicos al aspirar a una pensión, que era un tercio de lo que yo ganaba trabajando, beneficios emocionales al lograr que mi familia, amigos y pareja, estuviesen pendientes de mi y beneficios sociales, al considerar que el resto de la humanidad se apiadaría de mí y me trataría de forma especial. La charla, unilateral por supuesto, porque yo solo tenía ganas de llorar, la corono con la siguiente frase lapidaria “Además no te quejes. Afortunadamente eres mujer y tu marido te puede mantener….”

Mi ánimo cayó por los suelos. Me destrozo anímicamente. NO me podía creer que un profesional médico estuviese tan ciego al no ver la realidad de mi situación y que encima dudase del informe de un colega que describía mi enfermedad al detalle.

Mi marido… Mi pareja en aquel entonces fue mi más férreo apoyo. Siempre me entendió y me apoyo. Creyó en mí, cuando mucha gente nos dio la espalda. Fue el que me animo a acudir a la justicia para reclamar, no solo el derecho a ser una enferma de primera, sino a reclamar mi pensión. El camino fue duro y largo. Pero el Tribunal Superior de Justicia de Madrid me devolvió parte de esa dignidad que poco a poco había ido perdiendo e incluso que algunos profesionales, me habían robado.

 Años después solo me queda reconocer las palabras sabias del Doctor Fernández-Sola… En la adaptación está la clave del éxito. Jamás recuperare mi vida anterior, pero cada día lucho por ser feliz con mi vida actual. Hoy he conseguido salir de la cama y de la butaca y pasar días medianamente normales. Las crisis, cuando sobrevienen, las paso pensando siempre que mañana será un día mejor, y que podre hacer algo más de lo que he hecho el día anterior. He firmado la paz con mi cuerpo y con mi mente; les escucho, les atiendo y les mimo, porque solo con ellos llegare hasta el final del camino.

A.S.P
Enferma de SFC, fibromialgia y sensibilidad química

http://www.quieroabogado.es

El rompecabezas de la Fatiga Crónica, “el estallido de Lydonville”(I)


gingerUna historia real.

Una tarde de nieve, en octubre de 1985, ocho niños de la pequeña comunidad agrícola de Lyndonville, NY, iban deslizándose juntos en trineo. A las pocas semanas, todos ellos enfermaron.

David Bell, el médico local que trató a los niños, recuerda que sus síntomas eran similares a los de la gripe: dolor de garganta, fiebre, dolores musculares y fatiga severa. Después de tres días, no se habían recuperado, tampoco pasada una semana, un mes, tres meses…

“… Casi 25 años después del “estallido Lyndonville” del síndrome de fatiga crónica, sigue existiendo una controversia entre los científicos sobre las causas de dicha enfermedad. Un médico de pueblo espera que sus pacientes le ayuden a proporcionar la respuesta. WSJ Jason Bellini informes.”

Seis meses después de su viaje en trineo, los niños todavía no pueden regresar a la única escuela de la ciudad. Tenían problemas para salir de la cama, La luz les producía dolor de cabeza. Cuatro de los ocho estaban tan enfermos que eran fundamentalmente personas discapacitadas, el Dr. Bell, recuerda. Las pruebas descartaron la presencia de mononucleosis y otras infecciones conocidas. “No teníamos, ni idea de lo qué era“, comenta.

Durante los próximos dos años, la misteriosa enfermedad se fue extendiendo a lo largo de este pueblo rural de 862 habitantes, a mitad de camino entre Buffalo y Rochester. Con el tiempo, 214 personas fueron afectadas dentro de un radio de 30 kilómetros, de las cuales 46 de ellos eran niños.

Durante los siguientes 25 años, el Dr. Bell, profesor de la Universidad de medicina de Boston, colaboraría en los estudios. Mantenía una amplia base de datos de los pacientes y escribía libros buscando, en vano, la causa de la enfermedad, de la que algunos de sus pacientes se recuperaban y otros muchos no lo hacían.

La enfermedad eventualmente sería identificada como el síndrome de fatiga crónica, pero los científicos no encontraban su causa. “Pienso que nunca se sabrá por qué los niños se enfermaron“, dice el Dr. Bell.

El síndrome de fatiga crónica es un trastorno muy difícil de diagnosticar. No existe una prueba para su diagnóstico mediante analíticas sanguíneas, por lo que su diagnóstico solo se basa en la exploración clínica mediante la exclusión de otras enfermedades. Los síntomas comunes, que manifiestan tales como fatiga intensa, dolor muscular y debilidad, se basan en la percepción del paciente y son difíciles de medir. Además, muchos de los síntomas también están presentes en otras patologías.

Algunas personas se diagnostican equivocadamente pensando que tienen el síndrome de fatiga crónica, cuando en realidad tienen algo más. Muchos otros enfermos pueden tener un diagnóstico equivocado, o ninguno en absoluto: Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, estima que entre uno y cuatro millones de estadounidenses lo padecen, pese a que menos del 20% de ellos han sido diagnosticados.

Ahora, el Dr. Bell espera que su búsqueda de por vida, para encontrar la causa del brote Lyndonville, pueda llegar a su fin, por lo que se ha centrado en una nueva investigación con pacientes de síndrome de fatiga crónica.

Síndrome de Fatiga Crónica (CFS) en números

  • § Número de estadounidenses que se estima tiene CFS: de 1 hasta 4 millones
  • § Productividad anual perdida en la economía de EE.UU. atribuible a CFS: $ 9,1 mil millones
  • § Los costos médicos anuales relacionados a un individuo con la condición de afectado de SFC: $ 3.286
  • § Tasa de recuperación: 31% durante los primeros 5 años de enfermedad, el 48% durante los primeros 10 años de enfermedad
  • § El SFC es más común en las mujeres (522 casos por 100.000) y las minorías, especialmente los latinos (726 casos por cada 100.000)

Fuente: Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de los EEUU de América

“En 2009, los investigadores publicaron un artículo en la revista Science anunciando que: En el 67% de las muestras de 101 pacientes con síndrome de fatiga crónica, habían encontrado un retrovirus llamado XMRV. Dr. Bell, que había sospechado previamente un enlace a los retrovirus, se preguntó si aquella era la explicación que había estado buscando.”

Dr. Bell buscó a sus antiguos pacientes para estudiarlos. Aunque el volumen de muestras analizadas eran pequeñas, los resultados preliminares le hizo tomar nota de que el 70% de ellas dieran positivo en la relación con el retrovirus XMRV.

Luego vino un gran revés: Otros laboratorios que trataban de duplicar los resultados, no pudieron encontrar la presencia del retrovirus en pacientes con la enfermedad. En un trabajo de alto perfil, publicado el pasado mes de julio del 2012, los científicos de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades no lograron encontrar el XMRV, ya sea en pacientes con la enfermedad o en los controles sanos. La incapacidad de los otros laboratorios para confirmar los resultados ya planteaban dudas sobre la validez del hallazgo retroviral.

El debate sobre el XMRV se ha entrelazado con el amplio desacuerdo profesional que afecta a casi todos los aspectos del síndrome de fatiga crónica. No todos los investigadores están de acuerdo con los criterios que utiliza el CDC para definir a los pacientes con síndrome de fatiga crónica, destacan la necesidad de una definición de criterios diferente.

Con los años, CFS ha sido denominado con diferentes nombres, en otros países, tal como encefalomielitis miálgica en el Reino Unido. Muchos pacientes odian el término síndrome de fatiga crónica porque piensan que trivializa la enfermedad.

Los pacientes a menudo informan de la aparición de unos signos repentinos similares al inicio de la gripe, pero una de las dificultades para el diagnóstico de síndrome de fatiga crónica, es que no puede hacerse a menos que los síntomas persisten durante al menos seis meses, por lo que es difícil determinar la activación inicial. Algunos estudios han indicado que el SFC puede ser causado por un trauma, como un accidente de coche. Un estudio reciente de los CDC encontró que el trauma infantil puede ser un factor de riesgo, aunque los puntos de CDC señalan que las dificultades de la infancia no causan el trastorno.

Aún no se entiende cómo se genera la enfermedad de la SFC, o incluso si existen diferenciales. Sin embargo, desde 1930, ha habido por lo menos 12 brotes registrados en la literatura médica sobre el síndrome de fatiga crónica, en diversas comunidades de todo el mundo. Un brote se produjo en Noruega en 2004, después se detectó que el agua potable pública, de una ciudad estaba contaminada con el parásito de la Giardia lamblia.

“Las consecuencias fueron que las 58 personas diagnosticadas con el llamado síndrome de fatiga post-infecciosa siguen estando enfermas.”

Por AMY Dockser MARCUS Desde el Wall Street Journal

http://robertcabre.com