¿Cómo influye emocionalmente el ambiente familiar en los pacientes con fibromialgia?


familiaPoco se sabe sobre el impacto del entorno familiar en el ajuste a largo plazo de pacientes con inicio juvenil de fibromialgia (JFM). ¿Cómo os afecta vuestro entorno familiar a nivel emocional?

 Un estudio publicado en la revista Arthritis Care & Research ha concluido que los adolescentes con JFM en un ambiente familiar controlador se encuentran en mayor riesgo de un peor funcionamiento emocional en la adultez temprana. Las intervenciones conductuales y familiares deben fomentar el afrontamiento independiente en adolescentes con JFM y una mayor flexibilidad de los padres es importante para mejorar el éxito de hacer frente a la enfermedad a largo plazo.

 Por ello el objetivo del estudio ha sido evaluar si el entorno familiar en la adolescencia predice funcionamiento físico y síntomas depresivos más tardíos en adolescentes con JFM en su transición a la adultez.

 Los participantes fueron 39 jóvenes con inicio juvenil de fibromialgia (edad media = 18,7 años) y 38 controles sanos emparejados que completaron las encuestas basadas en la web acerca de su estado de salud y los síntomas depresivos, aproximadamente 4 años después de que se hiciera una evaluación del hogar basada en el niño y el funcionamiento familiar.

 Durante la evaluación inicial, los padres de los participantes (94% de las madres) completaron la Escala de Ambiente Familiar y los adolescentes (edad M = 14.8 años) completaron cuestionarios de autoinforme sobre el dolor (escala analógica visual) y síntomas depresivos (Inventario Depresión Infantil).

 Resultados

Los resultados indicaron que el ambiente familiar durante la adolescencia temprana predijo significativamente mayores síntomas de depresión en la adultez temprana, tanto para el grupo de pacientes con JFM y controles sanos.

 En particular, un ambiente familiar controlador (el uso de normas para el control de la familia y que permite poca independencia) durante la adolescencia temprana es el factor principal en la predicción deun funcionamiento emocional pobre a largo plazo en los pacientes con JFM. El entorno familiar no predice significativamente un impedimento físico a largo plazo para los dos grupos.

http://redpacientes.com 

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FIBROMIALGIA: una de las enfermedades “fantasma” del siglo XXI


depresion¿Qué síntomas tiene la enfermedad? ¿Qué desencadenante provoca la patología? ¿Por qué las neuronas informan erróneamente al cerebro advirtiendo que hay dolor? ¿Es el resultado de una ansiedad extrema que durante años se ha enmascarado en nuestro cuerpo? ¿Qué relación existe entre la enfermedad y la tristeza? y ¿Por qué –aún en el siglo XXI- sigue siendo una enfermedad “fantasma” para muchos profesionales que mutuamente discrepan sobre el tema?

Las respuestas a todas las preguntas son más cortas que complejas.
Sabemos de antemano que hay un dolor real, físico, anímico y emocional que, de una manera u otra, altera nuestro sistema nervioso consiguiendo mermar drásticamente nuestra calidad de vida.
El calvario empieza cuando por descarte –tras infinidad de visitas y exploraciones médicas- al individuo se le diagnostica una enfermedad de la cual hay pocos datos, un sinfín de contradicciones, unidas a una falta de seguimiento y cuidado del enfermo.
Todo el mundo, en el transcurso de su vida, tiene o ha tenido alguna vez dolor físico o emocional: dolor de articulaciones, de huesos, dolores de cabeza, cansancio, fatiga, debilidad, tristeza… pero ¿qué pasa si esos síntomas son continuos, persistiendo día tras día?
Hormigueos, estrés, depresión, agarrotamientos, colon irritable, fatiga crónica, ansiedad… y muchas otras advertencias indican que nuestro cuerpo está al borde del caos. Un punto de fuga en el cual el horizonte es oscuro, ciego, invisible para aquellos que ven a una persona aparentemente saludable.
Los pacientes -hartos de que los profesionales esquiven el asunto, hartos de visitar durante años los hospitales llamando de puerta en puerta- se unen en asociaciones intentando encontrar la solución a su problema.
Y aunque los estudios científicos avanzan, por desgracia el sistema nervioso es uno de los grandes misterios de la ciencia moderna, no pudiendo así encontrar remedio a una enfermedad que no solo ataca a mujeres y hombres, sino también a niños y ancianos.
Aunque la O.N.S declaró en 1992 que la FM era una enfermedad crónica que padecían más mujeres que hombres, el dolor no es el mismo, ni afecta de igual forma a los que la padecen.
Para todos los que tenemos FM nos queda un camino duro, pedregoso, pero no exento de una vida vivible. Una dieta equilibrada, ejercicios de hidroterapia y psicoterapia ayudan a mejorar y frenar la enfermedad, por eso no hay que aflojar la marcha, ni desencantarnos por el dolor. Hay que concienciarnos de que el dolor está ahí, pero que nuestro esfuerzo es el motor que nos ayudará a que la mente y el cuerpo se unan para mejorar.
Una continua actitud positiva minimiza los síntomas y recorta eficazmente el sufrimiento de una enfermedad que puede resultar silenciosamente dura, porque el aspecto de los enfermos a simple vista es bastante bueno –aunque tengan ojeras y mirada entristecida-. El mejor tratamiento que existe actualmente es realizar diariamente ejercicio suave compartido con una vida sosegada que no conlleve la necesidad de usar medicamentos.
José Manuel Tapiador Torres

El dolor crónico podría ser de familia


dolor-cabezaLos hijos adolescentes de las personas que sufren dolor crónico tienen un mayor riesgo de padecer dolor como sus padres, según un nuevo estudio.

El estudio observó a más de 5.300 adolescentes (de entre 13 a 18 años de edad) y sus padres en Noruega y encontró que los adolescentes eran más propensos a tener dolor crónico inespecífico y dolor crónico múltiple si uno o ambos de sus padres tenían dolor crónico.

El riesgo de dolor crónico en adolescentes fue mayor si ambos padres tenían dolor crónico, según el estudio.

Al ajustar los factores socioeconómicos y psicosociales no hubo cambios en los resultados, pero sí tuvo un efecto diferencias entre los diferentes tipos de estructura familiar, según dijo el Dr. Gry Hoftun, de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, y sus colegas. Por ejemplo, entre los adolescentes que vivían principalmente con sus madres, los niños cuyas madres tenían dolor crónico tenían un riesgo mayor de dolor crónico. No se encontró tal asociación entre los adolescentes que vivían principalmente con sus padres.
Según concluyeron los autores del estudio, los factores ambientales compartidos pueden jugar un papel importante en el dolor crónico que se produce entre los adultos y sus hijos.

Un experto en los Estados Unidos dijo que el estudio plantea algunas preguntas.

Los hallazgos no son sorprendentes, pero los factores causales siguen sin respuesta.

Los investigadores no pueden dar cuenta de cada exposición, influencia social en particular, impacto genético o factor del medio ambiente a los cuales se ven expuestos estos adolescentes. Por lo tanto, es un estudio de difícil análisis.

http://blogdefarmacia.com/

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