FIBROMIALGIA: una de las enfermedades “fantasma” del siglo XXI

depresion¿Qué síntomas tiene la enfermedad? ¿Qué desencadenante provoca la patología? ¿Por qué las neuronas informan erróneamente al cerebro advirtiendo que hay dolor? ¿Es el resultado de una ansiedad extrema que durante años se ha enmascarado en nuestro cuerpo? ¿Qué relación existe entre la enfermedad y la tristeza? y ¿Por qué –aún en el siglo XXI- sigue siendo una enfermedad “fantasma” para muchos profesionales que mutuamente discrepan sobre el tema?

Las respuestas a todas las preguntas son más cortas que complejas.
Sabemos de antemano que hay un dolor real, físico, anímico y emocional que, de una manera u otra, altera nuestro sistema nervioso consiguiendo mermar drásticamente nuestra calidad de vida.
El calvario empieza cuando por descarte –tras infinidad de visitas y exploraciones médicas- al individuo se le diagnostica una enfermedad de la cual hay pocos datos, un sinfín de contradicciones, unidas a una falta de seguimiento y cuidado del enfermo.
Todo el mundo, en el transcurso de su vida, tiene o ha tenido alguna vez dolor físico o emocional: dolor de articulaciones, de huesos, dolores de cabeza, cansancio, fatiga, debilidad, tristeza… pero ¿qué pasa si esos síntomas son continuos, persistiendo día tras día?
Hormigueos, estrés, depresión, agarrotamientos, colon irritable, fatiga crónica, ansiedad… y muchas otras advertencias indican que nuestro cuerpo está al borde del caos. Un punto de fuga en el cual el horizonte es oscuro, ciego, invisible para aquellos que ven a una persona aparentemente saludable.
Los pacientes -hartos de que los profesionales esquiven el asunto, hartos de visitar durante años los hospitales llamando de puerta en puerta- se unen en asociaciones intentando encontrar la solución a su problema.
Y aunque los estudios científicos avanzan, por desgracia el sistema nervioso es uno de los grandes misterios de la ciencia moderna, no pudiendo así encontrar remedio a una enfermedad que no solo ataca a mujeres y hombres, sino también a niños y ancianos.
Aunque la O.N.S declaró en 1992 que la FM era una enfermedad crónica que padecían más mujeres que hombres, el dolor no es el mismo, ni afecta de igual forma a los que la padecen.
Para todos los que tenemos FM nos queda un camino duro, pedregoso, pero no exento de una vida vivible. Una dieta equilibrada, ejercicios de hidroterapia y psicoterapia ayudan a mejorar y frenar la enfermedad, por eso no hay que aflojar la marcha, ni desencantarnos por el dolor. Hay que concienciarnos de que el dolor está ahí, pero que nuestro esfuerzo es el motor que nos ayudará a que la mente y el cuerpo se unan para mejorar.
Una continua actitud positiva minimiza los síntomas y recorta eficazmente el sufrimiento de una enfermedad que puede resultar silenciosamente dura, porque el aspecto de los enfermos a simple vista es bastante bueno –aunque tengan ojeras y mirada entristecida-. El mejor tratamiento que existe actualmente es realizar diariamente ejercicio suave compartido con una vida sosegada que no conlleve la necesidad de usar medicamentos.
José Manuel Tapiador Torres
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