El Síndrome de Fatiga Crónica (SFC): Diagnóstico

cocluDificultades en el diagnóstico

Para los médicos, diagnosticar el síndrome de fatiga crónica (SFC) puede ser difícil por varios factores:

  1. No existe una prueba de laboratorio ni un biomarcador para el SFC.
  2. La fatiga y otros síntomas del SFC son comunes en muchas otras enfermedades.
  3. En el caso de algunos pacientes con SFC, es posible que para los médicos no sea obvio que están enfermos.
  4. La enfermedad sigue un patrón de remisión y recaída.
  5. Los síntomas son distintos en cada persona en cuanto a tipo, cantidad e intensidad.

Estos factores han contribuido a una tasa de diagnósticos baja. Del millón a cuatro millones de estadounidenses que tienen SFC, menos del 20% ha recibido un diagnóstico.

Exámenes y pruebas de diagnóstico del SFC

Debido a que no existe una prueba de sangre, un estudio exploratorio del cerebro u otro tipo de análisis de laboratorio para diagnosticar el SFC, el médico debe descartar primero otras causas posibles.

Si un paciente ha tenido fatiga intensa durante 6 meses consecutivos o más e informa que no se alivia con un descanso suficiente en la cama y que está acompañada de síntomas no específicos, como síntomas parecidos a la influenza, dolor generalizado y problemas de la memoria, el médico debe investigar la posibilidad de que el paciente tenga SFC. Es necesario hacer más exámenes y pruebas antes de hacer un diagnóstico:

  • Será necesario obtener los antecedentes médicos detallados del paciente, que deben incluir una revisión de los medicamentos que podrían estar causando la fatiga y los síntomas.
  • También se necesitará hacer un examen físico y mental completo.
  • Será necesario realizar una serie de pruebas de laboratorio de detección para identificar o descartar otras causas posibles de los síntomas que se puedan tratar.
  • Puede que el médico también solicite pruebas complementarias para dar seguimiento a los resultados de las evaluaciones iniciales.

El diagnóstico del SFC requiere que el paciente haya tenido fatiga durante 6 meses o más y que presente 4 de los 8 síntomas de este síndrome durante 6 meses o más. Sin embargo, si el paciente ha tenido fatiga durante 6 meses o más, pero no tiene cuatro de los ocho síntomas, es posible que el diagnóstico sea fatiga idiopática.

El proceso completo para diagnosticar el SFC se encuentra en http://www.cdc.gov/cfs/diagnosis/diagnosis-process.html (en inglés).

Pruebas diagnósticas para SFC

Pruebas para el diagnóstico de rutina del SFC

Si bien el número y tipo de pruebas a realizar pueden variar de un médico a otro, las pruebas siguientes constituyen una batería estándar para excluir otras enfermedades que causan fatiga: alanina aminotransferasa (ALT), albúmina, fosfatasa alcalina (ALP), nitrógeno ureico en sangre (BUN), calcio, hemograma completo, creatinina, electrolitos, velocidad de sedimentación globular (VSG), globulina, glucosa, fósforo, hormona estimulante de la tiroides (TSH), proteínas totales, saturación de transferrina y análisis de orina. Pueden ser necesarias más pruebas para confirmar el diagnóstico de otra enfermedad que no sea SFC. Por ejemplo, si un paciente presenta niveles bajos de albúmina junto con un valor por encima de lo normal en el resultado de la prueba de nitrógeno ureico en la sangre, se podría suponer una enfermedad renal. El médico puede decidir si repite las pruebas relevantes y posiblemente agregar algunas nuevas dirigidas a diagnosticar enfermedad renal. Si se presume de una enfermedad autoinmune con base en las pruebas iniciales y el examen físico, el médico puede solicitar estudios complementarios, como el de anticuerpos antinucleares.

Pruebas psicológicas y neuropsicológicas

Para algunas personas puede ser aconsejable evaluar el efecto de los síntomas de fatiga en algunas destrezas cognitivas o de razonamiento, como la concentración, la memoria y la capacidad organizativa. Esto puede tener una relevancia particular para los niños y adolescentes, para los cuales se deben atender problemas de inasistencia a clases, rendimiento escolar y necesidades educativas específicas. Una evaluación de la personalidad puede ayudar a determinar las habilidades para enfrentar la enfermedad y si hay un trastorno afectivo coexistente que requiera de tratamiento.

Pruebas teóricas y experimentales

Varias pruebas, algunas de las cuales se ofrecen a nivel comercial, no representan un valor demostrado para el diagnóstico del SFC. Estas pruebas no deben realizarse a menos que se requieran para el diagnóstico de una presunta enfermedad excluyente (p. ej., MRI para descartar posible esclerosis múltiple) o que sean parte de un estudio científico. En este segundo caso, se requiere de un consentimiento informado por escrito del paciente. Ninguna de las pruebas diagnósticas para identificar microorganismos infecciosos, como virus de Epstein-Barr, enterovirus, retrovirus, virus del herpes humano 6, Candida albicans y Mycoplasma incognita, sirven como pruebas diagnósticas para el SFC, y por lo tanto no deben utilizarse para este fin (excepto para identificar una enfermedad que excluiría el diagnóstico de SFC, como la mononucleosis). Además, ningún tipo de pruebas inmunitarias, incluidas las pruebas de caracterización celular, como medición de las células asesinas naturales (NK), número o función, pruebas de citoquinas (p. ej, interleucina-1, interleucina-6 o interferón) o análisis de marcadores celulares (p. ej., CD25 o CD16), han demostrado un valor en el diagnóstico del SFC. Otras pruebas que se deben considerar experimentales en el diagnóstico del SFC son la prueba de la mesa inclinada para la HNM y técnicas de exploración como MRI, tomografía por emisión de positrones (PET-scan) o tomografía computarizada por emisión de fotones individuales (SPECT-scan). Se están realizando estudios adicionales sobre los informes de un marcador distintivo del SFC así como un marcador urinario; cabe destacar que a la fecha, ninguno es considerado útil para el diagnóstico.

Para las personas que crean tener SFC:

Le puede resultar difícil hablar con un médico u otro profesional de la salud sobre la posibilidad de tener SFC. Un equipo diverso de profesionales de la salud, que incluya médicos, enfermeras certificadas y auxiliares médicos, puede diagnosticar el SFC y ayudar a diseñar un plan de tratamiento individualizado.

El SFC puede parecerse a muchas otras enfermedades, como la mononucleosis, la enfermedad de Lyme, el lupus, la esclerosis múltiple, la fibromialgia, los trastornos primarios del sueño y los trastornos depresivos mayores. Los medicamentos también pueden causar efectos secundarios que se asemejen a los síntomas del SFC.

Dado que el SFC puede ser similar a muchos trastornos, es importante no hacerse un autodiagnóstico. No es inusual que una persona suponga de manera errónea que tiene síndrome de fatiga crónica cuando en realidad padece de otra enfermedad que puede ser tratada. Si usted tiene síntomas de SFC, consulte con un profesional de la salud para determinar si sus síntomas son causados por otras afecciones. El diagnóstico del SFC solo puede hacerse si se han excluido las otras afecciones.

También es importante no demorarse en buscar un diagnóstico y la atención médica adecuada. Las investigaciones de los CDC parecen indicar que el diagnóstico y tratamiento tempranos del SFC pueden aumentar la probabilidad de mejoría.

Para los médicos y otros profesionales de la salud: criterios para el diagnóstico del SFC

Considere un diagnóstico de SFC si se cumplen estos tres criterios:

  1. Que la persona tenga fatiga crónica intensa durante 6 meses consecutivos o más que no se deba a un esfuerzo actual u otras afecciones asociadas a la fatiga (estas otras afecciones tienen que ser descartadas por un médico luego de hacer las pruebas de diagnóstico).
  2. Que la fatiga interfiera de manera significativa con las actividades diarias y el trabajo.
  3. Que la persona tenga simultáneamente 4 o más de los 8 síntomas siguientes:
  • Malestar durante más de 24 horas después de un esfuerzo físico.
  • Sueño no reparador.
  • Deterioro significativo de la memoria a corto plazo o la concentración.
  • Dolor muscular.
  • Dolor en varias articulaciones sin inflamación ni enrojecimiento.
  • Dolores de cabeza de un tipo, patrón o intensidad no sufrido anteriormente.
  • Sensibilidad en los ganglios cervicales o axilares.
  • Dolor de garganta frecuente o recurrente.

 http://www.cdc.gov/

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