Bosques contra la fibromialgia

arbolesContaba el desaparecido premio Nobel José Saramago que su abuelo, antes de morir, fue a despedirse de los árboles del huerto dándoles un abrazo mientras lloraba, porque sabía que no los volvería a ver nunca más. El escritor no precisó si el gesto de su familiar era de pena o de agradecimiento, aunque es posible que fuera por ambas razones. En los últimos meses, miembros de la Associació de la Fatiga Crònica i la Fibromiàlgia de la Garrotxa también se han abrazado a los árboles centenarios que pueblan el bosque de Can Serra, situado al lado de Olot, y si han derramado alguna lágrima durante esa especie de comunión con la naturaleza ha sido por gratitud, ya que estos gigantes vegetales han tenido un papel clave en la mejoría de su enfermedad.

El doctor Secundino López-Pousa, coordinador del servicio de Neurología de los hospitales Josep Trueta de Girona y Santa Caterina de Salt, presentó ayer los resultados preliminares de un ensayo clínico realizado por profesionales de estos centros en colaboración con la Universitat de Girona para estudiar el efecto de los bosques maduros (aquellos que tienen más de cien años y no han sufrido modificaciones recientes por la acción humana) sobre los enfermos de fibromialgia. Un estudio que ha dado unos resultados positivos y esperanzadores a la hora de hacer frente a la dolencia.

LOS BENEFICIOS CONOCIDOS

Los beneficios de los llamados bosques terapéuticos o sanadores son conocidos desde hace tiempo en Japón, Corea del Sur, Canadá, EEUU o Alemania. «En esos países se han estudiado las diferencias que hay entre las personas que acuden habitualmente a pasear por bosques maduros y la gente que solo vive en la ciudad. Nosotros hemos querido dar un paso más y hemos querido probar si con una enfermedad como la fibromialgia, que tiene una prevalencia muy alta y para la que solo hay tratamiento sintomático, se podría tener un beneficio terapéutico», explicó el doctor.

Para llevar a cabo la prueba se escogieron al azar dos grupos formados por voluntarias de la asociación. Una quincena de ellas pasearon regularmente por un bosque nuevo, con un arbolado de entre 5 y 35 años de edad, durante un periodo de 15 días. Otro grupo similar hizo lo mismo, pero en este caso los paseos se realizaron en el bosque de Can Serra, con un arbolado irregular de más de un siglo.

«Una vez que una persona camina unos 10 o 15 minutos por un bosque, disminuye la frecuencia cardiaca y la presión arterial. El sistema simpático del organismo reduce su actividad. Al mismo tiempo se producen acciones cardiovasculares, porque algunas sustancias, como endotelinas y citocinas, también se modifican. Además, aumentan las sustancias de inhibición sobre las células cancerígenas y aumenta la respuesta inmune», afirmó el responsable del estudio.

MEJORA SUSTANCIAL

Estos beneficios en los sistemas nervioso, circulatorio e inmunológico, que ya eran conocidos, se produjeron en ambos grupos. La diferencia que se ha encontrado es que, cuando se estudiaron las personas que pasearon por el bosque joven, los síntomas de la enfermedad que presentaban el primer y el último día eran prácticamente los mismos. Solo habían mejorado un poco. Pero cuando se analizó el grupo que había acudido al bosque maduro se comprobó que había mejorado «de forma significativa», en una disminución del dolor y de las noches de insomnio y en un aumento de los días de bienestar. Es decir, habían mejorado en los principales síntomas de la dolencia.

El doctor López-Pousa explicó que estos efectos benéficos se atribuyen a la inhalación de las sustancias aromáticas que desprenden los hongos, los aceites y las resinas de los bosques. «Estas sustancias son mediadores cerebrales, porque aumentan la serotonina y regulan la noradrelanina. Hay que pensar que el 80% de la farmacología actual proviene de los bosques. La propia penicilina es un hongo y en los bosques centenarios hay un equilibrio biológico entre las plantas, las bacterias y los animales», insistió. Su intención es extender ahora este estudio pionero a niños con déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y a personas con trastorno autista, ya que está demostrado que muchos de ellos mejoran cuando van al campo.

Fina González, presidenta de la Associació de la Fatiga Crònica i la Fibromiàlgia de la Garrotxa, y otras dos miembros de la entidad que han participado en el estudio se mostraron ayer exultantes. «Hemos disfrutado mucho con esta experiencia, porque hemos descubierto otra manera de tratar la enfermedad. Estamos tan convencidas de los buenos resultados de estos paseos que hemos decidido seguir haciéndolos por nuestra cuenta, y si hace falta vendremos en invierno con gorro y bufanda», aseguraron.

González reconoció que las principales mejoras que habían notado las personas que pasearon por los bosques maduros era una disminución del dolor y de los días de insomnio. Por eso recomienda este tratamiento a todos los afectados y a todos los enfermos.

La pauta del estudio era pasear tranquilamente tres veces a la semana por 1,2 kilómetros de bosque durante 15 días, pero ellas la complementaron con intensos abrazos a los troncos. «Ha sido una iniciativa nuestra, porque dicen que, cuando te abrazas a un árbol y te concentras, sientes su energía. Además de que estás muy cerca de él para aspirar todos esos hongos y aceites que dice el doctor, es un momento en el que estás contigo mismo y conectas con la naturaleza», argumentó.

http://www.elperiodico.com/

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